Desde Gáldar —Gran Canaria, España—, te invito a visitar el lugar donde se encuentran algunos de mis sueños y quizás también de los tuyos...
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Poemas de amor, pasión, dudas, sueños, etc., escritos desde este rinconcito del Atlántico llamado Islas Canarias.
Fotos iV Encuentro de Escritores Canarios en La Laguna.
Delicada es la vida que elegimos. Tomemos el camino que
tomemos estamos decidiendo nuestra felicidad o nuestra condena, y siquiera nos
damos cuenta.
Nos pesa la educación, nos pesa la familia, nos pesan los
amigos, nos pesan nuestros miedos... y al final todo pesa tanto que nos impide
volar hacia ese futuro deseado. Lo hemos soñado en silencio, y en ese mismo
silencio, bañado de tristeza, abandonamos lo que un día nos hizo palpitar el
corazón.
Comenzaste ya a caminar...Sigues la senda marcada; ya no te planteas nada, estás haciendo lo que
debes, lo que se espera de ti, lo que todos creen que te llevará al éxito, a
ser feliz... Pero tu corazón está triste; siente como pasan los años y cada vez
está más débil, late más lento, la sangre que le llega le trae menos oxígeno y
se siente asfixiar.
De repente piensas en por qué elegiste ese camino y no
otro... Realmente hay tantas respuestas y ninguna es lo suficientemente
poderosa.
Miras hacia los lados, buscas otra senda... Para llegar a
ella has de pisotear el césped de las ideas que las personas a las que amas
tienen de ti, lanzarte al abismo de dejar todo atrás, caminar en un
camino iluminado sólo con la luna, y a veces incluso en una noche lúgubre y
fría, sin apenas estrellas... ¿Merecerá la pena cambiar de camino? ¿Estás
seguro-a de que quieres llegar al destino que éste te lleva?
Te subiste en el tren equivocado. Compraste un billete de
primera y para ello lo dejaste todo: tus sueños, tu lucha, tus noches sin dormir, tus
deseos... y te sientes viajar en el vagón de las reses... lleno de heno y
olores que no son lo agradable que esperabas. A tu lado no viaja alguien
mirando en la misma dirección... Si acaso es alguienque permanece, pero que no estuvo nunca; le sientes como si unos grilletes se tratase,
como unas cadenas, como un aire viciado que te impide respirar... ¿Y aún crees
que estás en el camino correcto?
Siéntate a descansar, observa, disfruta de lo que puedas, y
luego decide... ¿Podrás llegar por ese camino a la Felicidad? ¿Estás en
condiciones ahora de cambiar a otro que sí te lleve, o simplemente pretendes
volver atrás? El ayer ya no existe, ni existirá... Piensa en un mañana... en tu
mañana. ¡Créalo! Sí, créalo a tu medida, camina con un calzado adecuado y
cuando llegue el momento, quizás con un leve salto, o ayudado con las brillantes
alas de la ilusión, puedas acceder directamente a él.
¡¡No te des nunca por vencido-a!! Tú te mereces caminar por
tu propio camino, uno nuevo creado a tu medida. No importa la senda transitada, lo importante es dónde está tu
cielo, bajo qué estrellas decidirás dormir esta noche... ¡¡Dulces sueños!!
Era bien entrada la madrugada
cuando despertó.Estaba empapada, no
sólo en sudor. Sentía aún la respiración agitada y se sorprendió al encontrar
su mano hundida en la entrepierna, retorcida, completamente impregnada de un
líquido templado que no le era extraño.
Por un instante no recordaba
donde estaba, hasta quese giró a su
derecha y vio a un hombre acostado a su
lado. Tenía una ancha y musculada espalda; por la tenue luz que entraba desde
la calle — producida por una indiscreta luna llena—pudo percatarse del dorado de su piel.
Roncaba. Sí, sentía el ruido del
aire entrar y salir a través de su garganta, y eso la excitó aún más.
Comenzó a dar pequeños besos en
aquella dulce y tersa piel. Besos suaves, que poco a poco se hacían más sonoros
yque terminaron en apasionados lamidos,
y éstos a su vez culminaron en pequeñas succiones cerca del costado.
Sintió como, de repente,paraban los ronquidos. Su amante se giró hacia ella, quedándose tendido
boca arriba, con los ojos cerradosy
gimiendo de placer.
Sin hacer pausa alguna siguió
lamiendo su pecho, su cuello… hasta llegar a su boca.Allí su respiración se volvió más y más
agitada mientras mordisqueaba aquellos carnosos labios con los que tantas
noches había soñado. Pronto, su lujuriosa lengua luchaba cuerpo a cuerpo con la
que encontró en ese laberinto de pasiones que ya la poseía por completo y, dentro
del cual, se deleitó por largo rato.
El sentir sus poderosas y
masculinas manos aprisionar sus caderas la trajo de nuevo a la realidad. Se
miró en sus verdes ojos y allí descubrió que la pasióny lujuria que la embriagaban era compartida.
Volvió de nuevo a recorrer el
cuerpo de su amor con sus desbocada boca, con esos apasionados labios que no lograban contener unos blancos y
traviesos dientes —como ratoncillos—, cuya travesuramás habitual era la de mordisquear la
superficie de la piel, produciendo una sensación que entremezclaba un gran
placer con un indefinido dolor, a la quepoco a poco él se iba sintiendo adicto.
Casi sin darse cuenta ya había
engullido parte de su sexo. El ruido de los gemidos en aquella habitación
retumbaban, quizás hasta las casas contiguas, pero a los amantes les daba
igual. Él no paraba de gemir, ella… de lamer.
Cuando sintió que su amante ya
estaba a punto de explosionar, corrió ávida a besar sus ojos cerrados, recorrer
el contorno de sus orejas con incontrolable lengua… y casi sin pensarlo subió
sobre él, como si de un caballo desbocado se tratase.
Ahora los gemidos que se
escuchaban eran los de ambos, que se
retorcían de placer…Su engrandecido
miembro no paraba de friccionar dentro de aquel laberinto de deseos, pasión,
olor a sexo…
Ya no había forma de controlar
aquel desenfreno… hasta que por un instante, casi al unísono, el cielo llegó
ante ellos a la vez que una explosión de pasión los cubrió por completo…
Había amanecido. Ambos —jadeantes,
desnudos, tumbados boca arriba—, se vieron sorprendidos por los primeros rayos
de sol… Su primera mañana de casados… ¿sería así el resto de sus vidas?
Esta mañana salía corriendo de casa, enfundada en mi abrigo
rojo y sobre mis tacones del mismo color. Me sentía una Diosa sobre esos doce centímetros de tacón y con el cinturón
abrazando y moldeando mi cintura.
Miré el reloj, era tarde. Instintivamente paré, alcé uno de
mis brazos y solicité un taxi.
—Buenos días, señorita, ¿Hacia dónde la llevo? —
preguntó el taxista.
—Hacia el Parque Mayor— contesté con rotundidad.
Apenas pasaron 8 minutos,cuando ya estaba delante de mi oficina. Apresuradamente busqué mi
cartera en el revuelto y enorme bolso.
—¡Horror! Anoche dejé 50 euros a mi vecina y sólo
me queda una moneda de 2 euros en la cartera. — Mi cara estaba descompuesta
mientras comentaba la situación al taxista; al unísono, él sonreía de forma
picarona.
—No se preocupe, la puedo volver a llevar a casa,
quizás allí consiga abonarme la carrera — contestó con voz socarrona— Estoy
convencido de ello.
—¡Volvamos entonces!— contesté, mientras sacaba
el móvil del bolso dispuesta a decir a mi jefe que llegaría tarde, pues “se me habían pegado las
sábanas”.