Llegó como un halo de aire fresco,
su aroma a menta inundaba la estancia
y ella solo deseaba sus brazos, su presencia,
sentir su aliento junto al oído
y escuchar su risa mientras cubría de besos su garganta
el roce de su piel irisada de nuevos sueños
acercándose a su pecho en erupción.
Fue un nuevo comienzo de vida
el latido del sueño que vence la pereza de los miedos
y tras muchas, muchas lunas, comenzó a desear su luz
el calor de su presencia, el sonido de su voz.
Ella...
Sonreía, al escucharle sonreía.
Sonreía, al pensarle sonreía.
Sonreía, al soñarle sonreía.
De pronto se hizo la noche.
Nada era real, fue un vil sueño.
Él estaba con otra, amaba su cuerpo,
mientras sembraba en sus oídos sueños de futuro.
A ambas
las dañó, como a esas flores que se arrancan y se tiran al suelo
sintiéndose un dios.
No le gustó su aroma,
desde que vio que se marchitaba
no quiso sentirse responsable
de su futuro incierto, de tener que atenderla,
por eso mejor arrancar la nueva flor, enraizada,
y jugar con ambas negando una a la otra.
No supo jamás de flores ni semillas,
ni de amor, siquiera de amistad.
Nunca fue jardinero de ilusiones.
Ahora se acerca hablando de daños,
y ella le responde:
— Tú, que usas y tiras, ¿hablas de dañar la vida?
— Tú, que mientes y olvidas, ¿juegas a ser la víctima
perfecta?
Pobre hombre, pobre alma dormida,
pobre corazón que no conoce el tic tac del latido enamorado
y cree que cualquier silvo de viento es amenaza de tormenta.
Continúa la pesadilla, una llora y lamenta,
la otra, que sintió nacer un futuro, aún no lo cree,
pero despertará de este agotador sueño,
despertará con la sonrisa puesta
con las ilusiones dispuestas a crear
con los lirios enraizados en la tierra
y jamás permitirá que nadie arranque sus pétalos
fingiendo decidir: ésta sí, ésta no…
porque quien juega con dos almas
quien miente a dos corazones,
sólo merece la soledad y la hiel entre sus labios.
No existe el amor intermitente:
"antes ella, luego yo, y ya vuelve a estar ella" —se decía.
Ya sabes que existen fantasmas ilusos
que con un tembloroso candil pretenden ser faro.
Esos jamás serán estrella
de alguien que sabe a dónde va,
que vive y no juguetea,
que no da segundas oportunidades para ser dañada,
pues tiene mucho que aportar
y no se conforma con promesas vacías
que proviene de sacos rotos.
Alguien así no cree en desconfiados sin futuro y sin palabra,
que ante la oportunidad cerraron sus ojos,
no la aprovecharon la luz del amanecer.
Sólo se limitaron a mentir y victimizarse,
a desconfiar y, a hurtadillas, buscar futuras víctimas.
Pobres víctimas de sí mismos,
tuvieron el dorado ante sí y estuvieron ciegos,
nunca conocieron el placer inundado de amor
sólo el blablablá sin la toma de conciencia,
por creerse las mentiras que anclaban su ego.
Quiso Ver-mejo-r y quedó ciego,
pues mirando hacia atrás perdió el nuevo amanecer
y sólo disfrutó de perpetuas puestas de sol
seguidas de noches frías, sin amor, sólo con las ilusiones
rotas, cual Ulises sin ataduras, escuchando cantos de sirena.
© Irene Bulio