Tus ojos, mi horizonte matutino,
esa luz que enciende mis mañanas
haciendo tus caricias tan cercanas
a mi cuerpo, mi piel… a mi camino,
mientras encuentro en ellos mi destino.
Tus manos, esas aves voladoras
de añil plumaje,
cuya pasión, a veces tan salvaje,
me encienden cada poro, seductoras,
siendo de tu pasión embajadoras.
Tu abrazo es el castillo que me aguarda.
Tu latir, ese puerto tan seguro
cual reloj que me habla de futuro
y un tic tac donde nunca se acobarda
el rescoldo en espera hasta que de nuevo arda.
Tus caderas, guardianes de tus pasos,
atril que sorbe la mirada
donde la piel se nutre, deseada,
sintiendo los instantes como escasos
pues no asirte o besarte, son fracasos.
Tus pies vibran, oteando el horizonte
como pupilas grises,
en busca del lugar donde te irises
queriendo ser el ópalo que afronte
la ausencia de tu luz, y se remonte.
*-*-*
Nunca te creíste que se escribió por ti.
Los años pasaron, sembraron dudas.
Escarbé sabiamente en las fisuras
y allí hallé el origen de tu furia,
de tu cruel verbo; mucha lujuria
para un solo "amor" que no ama
un narcisista que sólo usa
rompiendo el alma,
fingiendo.
A todas has hecho lo mismo,
enlazar de una a otra, varias a la vez,
qué poca conciencia
qué poca autoestima
qué poco hombre.
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