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domingo, 18 de enero de 2026

Tu latido ya no se sincroniza con el de mi corazón

 

  

(Imagen tomada de internet. Autor desconocido) 
 
 

El corazón no se olvida de latir, jamás...

Hasta que un día se da por vencido

y colapsa cada poro de tu cuerpo.

La rigidez se apodera de los músculos

y los huesos ya pierden su sentido;

la lengua no se mueve, ya no saborea…

y las pupilas quedan hundidas en el pozo

de una guerra perdida.

El corazón no se olvida, jamás, de latir…

Mi corazón jamás olvida tu latido,

como mi boca no olvida el sabor de la tuya,

mi piel la suavidad de las yemas de tus dedos,

y mi oído, que aún recuerda el compás de tu respiración.

Te fuiste, pero jamás del todo.

No quedó el hogar cerrado a cal y canto,

sino esa puerta abierta que invitando a traspasarla

mostraba un vacío que jamás resultó interesante.

Cuando no hay pasión ni amor, ya no hay vida,

al menos esa vida soñada y deseada.

Te llevaste la llave de que conducía a mi paz,

esa que busqué y no hallé.

Desde entonces me conformó la tranquilidad,

saber que todo estaba bien,

que a veces las cosas no son como las sueñas,

no son como las quieres, no son cómo las luchas…

porque ya es tarde para luchar.

El poco tiempo que queda se puede disfrutar

con el corazón henchido en la paz de una conciencia tranquila.

Inhalar…, mantener…, soltar muy, muy despacio, pero soltar.

 

© Inma Flores

 

      Isla de Gran Canaria, enero de 2016

 


 

 

jueves, 29 de mayo de 2025

Sin títulos, sin derechos.


 

 


 Llegó como un halo de aire fresco,

su aroma a menta inundaba la estancia

y ella  solo deseaba sus brazos, su presencia,

sentir su aliento junto al oído

 y escuchar su risa mientras cubría de besos su garganta

el roce de su piel irisada de nuevos sueños

acercándose a su pecho en erupción.

Fue un nuevo comienzo de vida

el latido del sueño que vence la pereza de los miedos

y tras muchas, muchas lunas, comenzó a desear su luz

el calor de su presencia, el sonido de su voz.

 

Ella...

Sonreía, al escucharle sonreía.

Sonreía, al pensarle sonreía.

Sonreía, al soñarle sonreía.

 

De pronto se hizo la noche.

Nada era real, fue un vil sueño.

Él estaba con otra, amaba su cuerpo,

mientras sembraba en sus oídos sueños de futuro.

A ambas

las dañó, como a esas flores que se arrancan y se tiran al suelo

sintiéndose un dios.

No le gustó su aroma, 

desde que vio que se marchitaba

 no quiso sentirse responsable

de su futuro incierto, de tener que atenderla,

por eso mejor arrancar la nueva flor, enraizada,

y jugar con ambas negando una a la otra.

 

No supo jamás de flores ni semillas,

ni de amor, siquiera de amistad.

Nunca fue jardinero de ilusiones.

 

Ahora se acerca hablando de daños, 

y ella le responde:

 — Tú, que usas y tiras, ¿hablas de dañar la vida?

— Tú, que mientes y olvidas, ¿juegas a ser la víctima perfecta?

Pobre hombre, pobre alma dormida,

pobre corazón que no conoce el tic tac del latido enamorado

y cree que cualquier silvo de viento es amenaza de tormenta.

 

Continúa la pesadilla, una llora y lamenta, 

la otra, que sintió nacer un futuro, aún no lo cree,

pero despertará de este agotador sueño,

despertará con la sonrisa puesta

con las ilusiones dispuestas a crear

con los lirios enraizados en la tierra

y jamás permitirá que nadie arranque sus pétalos

fingiendo decidir: ésta sí, ésta no…

porque quien juega con dos almas

quien miente a dos corazones,

sólo merece la soledad y la hiel entre sus labios.

 

No existe el amor intermitente:

"antes ella, luego yo, y ya vuelve a estar ella" —se decía.

Ya sabes que existen fantasmas ilusos

que con un tembloroso candil pretenden ser faro.

Esos jamás serán estrella

de alguien que sabe a dónde va,

que vive y no juguetea,

que no da segundas oportunidades para ser dañada,

pues tiene mucho que aportar

y  no se conforma con promesas vacías

que proviene de sacos rotos.

 

Alguien así no cree en desconfiados sin futuro y sin palabra,

que ante la oportunidad cerraron sus ojos,

no la aprovecharon la luz del amanecer.

Sólo se limitaron a mentir y victimizarse,

a desconfiar y, a hurtadillas, buscar futuras víctimas.

 

Pobres víctimas de sí mismos,

tuvieron el dorado ante sí y estuvieron ciegos,

nunca conocieron el placer inundado de amor

sólo el blablablá sin  la toma de conciencia,

por creerse las mentiras que anclaban su ego.

Quiso Ver-mejo-r y quedó ciego,

pues mirando hacia atrás perdió el nuevo amanecer

y sólo disfrutó de perpetuas puestas de sol

seguidas de noches frías, sin amor, sólo con las ilusiones

rotas, cual Ulises sin ataduras, escuchando cantos de sirena.

 

 

© Irene Bulio

 

domingo, 5 de septiembre de 2021

 

Zarpando con viento fresco.


Siento que  mi vida está  raída,

como una sábana vieja, tras mucho uso,

pero donde aún existen instantes sin estrenar.

Cuando pienso en los días perdidos,

nublados,  sin puestas de sol,

una nueva rotura crea su eco en mi mente;

lo mismo sucede con el instante

de charlas y risas, de café 

degustado junto a un pedazo de historia

que se construye por instantes,

como un puzle a medio hacer.

Soy un espantapájaros de viejas ropas, 

mugrientas,  que danzan al son del viento.


Siento que mi vida está  raída,

rompiéndose en los pedazos no vividos,

las esperas de lo que no tuvo intención de ser,

los instantes de amor no correspondidos,

 —pero donde brotó el más fuerte, el amor propio—,

los miedos que ya no tienen su razón de ser,

los sueños que nunca llegaron a ser metas

y esas metas, moribundas,  que necesitan 

el carburante del ahora para poder “ser”.


Sigo viviendo un hoy de viejos retales,

donde con la aguja de la constancia

remiendo las velas de mi barca

que ya zarpa en busca de un mañana

a la medida de las sendas transitadas,

donde plantar un sueño cuyo fruto

será la meta que siempre postergué.

 

© Inma Flores.

Imágenes de autor desconocido, sacadas de internet.

viernes, 20 de septiembre de 2019

El poder de los silencios

(Imagen tomada de internet. Autor desconocido)


Sí, tienen el poder de abatir el alma,
romper un corazón en mil pedazos,
llenar el día de la noche más oscura,
hacer añicos el sueño más hermoso,
fustigar una espalda, cansada del peso,
crear un abismo entre dos bocas,
ensordecer  el canto de las aves en primavera,
caer como la lluvia de verano en plena playa,
convertir  la sonrisa en campo de otoño,
helar tus ilusiones como tímpano invernal,
pues nunca nos unieron los silencios  
y eran realmente las miradas.
Tus silencios sepulcran mi alegría,
entristecen los ahora,
teniendo ya el mañana su fecha de caducidad.
Sigue siendo el dueño de tus silencios,
que yo sembraré mi confianza en otros prados.

Inma Flores ©

jueves, 19 de septiembre de 2019

Nosotros


 (Imagen tomada de internet, autor desconocido)


A veces las tristezas se apoderan
del alma ilusionada.
Deseas volar, pones el empeño,
las fuerzas,  y te asomas al abismo.
Incluso,  lo que más deseas
se aleja, paso a paso, mientras respiras miedos
y descubres que tus  alas están mojadas.
Agua y aceite somos,
tú no apagas mi sed
yo no te sacio.

Hoy, noche de humedad, salitre y penas,
cansada de remar a la deriva,
veo cómo  ya tu barca va sin velas,
recordando otro mares
mientras sueñas los viejos puertos.
En la ciénaga se ahogan mis tristezas.
Agua y aceite somos,
tú no apagas mi sed
yo no te sacio.

No soy la esposa que sumisa
aguarda cariñosa entre brillos de corales,
no soy la que calla y otorga,
no soy la que aguanta y se oprime,
no soy, no…
Ni tú el ser generoso que su tiempo me obsequia,
intentado encontrar el sentido a mi mundo,
compartiendo su instante…
Agua y aceite somos,
tú no apagas mi sed
yo no te sacio.

El orgullo nos puede, asesina los sueños,
y sin sueños no somos nada, ni hoy, ni mañana…
Sigue tu senda, pues un día el deseo de amar
nos nubló la cordura.
Ninguno ha de pagar el precio
de dejar de ser
agua o aceite;
tú no apagas mi sed,
yo no te sacio.


Inma Flores ©