miércoles, 9 de septiembre de 2026

Tejía historias de amor

 

 
 

 

Desde sus años más jóvenes, en los que tenía mucho éxito con los jovencitos, había aprendido a enlazar una historia con otra. No quería privar a nadie de su presencia ni dejar de descubrir una personalidad nueva. Así había transcurrido la mayor parte de su vida. Alguna vez pensó en contar en cuántos iris había depositado su pupila, pero desistió.

En ocasiones llegó a sentir algo especial, así que apuraba la labor y procuraba dejarla en barbecho en el costurero. No sabía si volvería a tejer ese mismo punto de nuevo. Las tenía de todos los colores, diferentes grosores de hilo, cientos de muestras de tejido.

Ninguna fue igual. Solo una de ellas la hizo suya alguna vez. No le gustaba, ni le hacía feliz. Tampoco deseaba repetirla. Sí, debió ser eso. Nunca soltó esa muestra.

Con el paso de los años comenzó a sentir frío en sus rodillas. Tomó un hilo nuevo, color cerúleo. Esta vez tejía como nunca. De hecho, nunca había sido tan feliz tejiendo.

La labor se iba extendiendo por su regazo, sus muslos, sus piernas….

Un día sintió pánico al pensar que debía cargar con ella y la apartó con brusquedad. Sintió frío, pero pensó que pronto se adaptaría nuevamente a las pequeñas muestras, y tejió más y más en un intento de crear nuevos tapices.

Pasaron los años. Sus dedos se embrutecieron, el gris de sus cristales se volvió opaco y comenzó a tiritar de frío. Sus huesos sonaban como tristes castañuelas. ¡Cuánto habría dado ahora por aquel calor azul donde ahogar los nubarrones de su existencia!

Sus ojos comenzaron a llover de forma apagada. “Un resfriado”, decía. No se equivocaba, un resfriado eterno se había instalado en su corazón. Tejía historias de amor. Ninguna quiso hacerla suya.

 

© Inma Flores, 2015 

 

martes, 19 de mayo de 2026


 

Un día tuve un amor

¡y fue de verdad!

Un día tuve un amor

y no sabía que lo era.

Un día tuve un amor

que de verdad me amó

y le amé de verdad, 

pero no lo sabía.

domingo, 18 de enero de 2026

Tu latido ya no se sincroniza con el de mi corazón

 

  

(Imagen tomada de internet. Autor desconocido) 
 
 

El corazón no se olvida de latir, jamás...

Hasta que un día se da por vencido

y colapsa cada poro de tu cuerpo.

La rigidez se apodera de los músculos

y los huesos ya pierden su sentido;

la lengua no se mueve, ya no saborea…

y las pupilas quedan hundidas en el pozo

de una guerra perdida.

El corazón no se olvida, jamás, de latir…

Mi corazón jamás olvida tu latido,

como mi boca no olvida el sabor de la tuya,

mi piel la suavidad de las yemas de tus dedos,

y mi oído, que aún recuerda el compás de tu respiración.

Te fuiste, pero jamás del todo.

No quedó el hogar cerrado a cal y canto,

sino esa puerta abierta que invitando a traspasarla

mostraba un vacío que jamás resultó interesante.

Cuando no hay pasión ni amor, ya no hay vida,

al menos esa vida soñada y deseada.

Te llevaste la llave de que conducía a mi paz,

esa que busqué y no hallé.

Desde entonces me conformó la tranquilidad,

saber que todo estaba bien,

que a veces las cosas no son como las sueñas,

no son como las quieres, no son cómo las luchas…

porque ya es tarde para luchar.

El poco tiempo que queda se puede disfrutar

con el corazón henchido en la paz de una conciencia tranquila.

Inhalar…, mantener…, soltar muy, muy despacio, pero soltar.

 

© Inma Flores

 

      Isla de Gran Canaria, enero de 2016