miércoles, 9 de octubre de 2013

Esos ojos...



Me miré en tus ojos
y en ellos encontré el reflejo,
el vibrar, el fuego,
de la pasión contenida  en mi alma.
 
 
 
Me miré en tus ojos,
y desde entonces
compartimos instantes;
conectamos de algún modo
que aún no puedo explicar.
Sólo, al cerrar los párpados
se ilumina de nuevo la comisura de tus labios,
tu sonrisa,
esa que provoca pensamientos
inmorales y perversos,
pasiones lujuriosas,
y deseos que no me atrevo ni a contar.
 
 
 
Me miré en tus ojos
y descubrí el mismo deseo que en los míos,
los mismos vacíos, las mismas carencias,
el mismo morbo  de seda que nos envuelve;
esa necesidad de temblar  en la trastienda
de la frialdad cotidiana, del reflejo en el espejo,
de dar la imagen que  de nosotros quieren ver,
y sin embargo, vivir la que realmente sentimos.
 
 
 
Me miré en tus ojos.
y en ellos descubrí el placer de lo sencillo,
la calidez de lo cotidiano,
que el deseo es solo un juego,
que en los sueños se construyen realidades,
que esas realidades se llevan a la práctica
cuando  tú y yo lo deseamos...
 
 
 
Me miré en tus ojos
y desde entonces el sol brilla más,
la luna es más plateada,
las estrellas dibujan serpentinas en el cielo,
y mi corazón vuelve a latir...
... sí, late, late  cuando te siento....

... aún en la distancia...
.... late.
 
Irene Bulio © 2013
(Fotos extraídas de internet, de autor desconocido)
 

miércoles, 2 de octubre de 2013

Buscando... se encuentra.






 
 
 

Se encontraron casualmente por la calle. Sólo se habían visto un par de veces antes, la primera en una entrega de premios  donde era galardonado un amigo en común; otra en un recital de poesía; poesía erótica, su favorita.

Cuando le conoció, junto a su pareja, le pareció un “chico agradable”. La segunda vez descubrió en él un hombre lleno de deseos, pasiones, lujurias… alguien difícil de contentar, pues intuía que no era de los que se conformaba simplemente yéndose de misiones, y su forma de mirar, lujuriosa, le había encendido una especie de “luz verde”.

Su voz grave,  poderosa y varonil; sus palabras incitantes, su forma de mirar, curiosa y muy segura de sí; la timidez que cubría levemente la pasión que se desbordaba por sus ojos,  consiguieron que no   pasase desapercibido entre tanta gente.

Ahora le tenía frente a sí. Sólo con mirarle a los ojos ya sentía cierta expectación:

     ¡Hola Javier!— le dijo — ¿Qué haces por aquí?

     Estoy buscando una casa de alquiler para un amigo, se mudará pronto a la ciudad, y me ha pedido que le vaya buscando algo.

     Si quieres, te puedo ayudar, conozco la zona — contestó ella mientras hacía un guiño.

     Estupendo — dijo el joven— Es bastante aburrido esto de buscar casa.

Tenía anotadas en su agenda varias direcciones. Comenzaron con la primera de ellas, dos calles más al norte. Era una casa pequeña, daba a un patio interior, y muy mal ventilada. Su inquilina estaba en su interior; tenía varios gatos y no les gustó su olor.

En la segunda vivienda a la que fueron, tuvieron que tocar en casa de la vecina; ésta les abrió y de muy malos modos les dijo que ya casi estaba alquilada, que una de sus hijas se iba a mudar al barrio en los próximos meses.

Tras ver dos más y ya cansados de tanta desilusión entraron en un bar. Él se pidió una cerveza bien fría; ella dudó, pero al final se pidió otra. Tras contar un par de anécdotas y quejarse de lo mal que les había ido la mañana, el camarero  dirigió a ellos:

     Perdón, ¿están buscando una casa en alquiler?

     ¡¡Sí!! — contestaron ambos al unísono.

     En la tercera planta tengo un piso libre. Hace tiempo que no se usa, hay que adecentarlo un poquito, pero podrá servirles; es muy cómodo. Además, lo alquilo bastante barato, pues casi con cubrir gastos me conformo.

     ¡Estupendo! ¿Cuándo nos lo puedes enseñar? — Preguntó Javier.

El camarero, metiendo la mano izquierda en su bolsillo, contestó:

     Ahora mismo, pero si no les importa, lo ven ustedes mismos. Es en el tercero derecha. Pueden subir por el ascensor. Tengo el bar lleno y no me puedo permitir dejar solo a mi compañero durante media hora. Además, así lo podrán ver con tranquilidad y a su gusto. Con que me devuelvan las llaves antes de las 12 de la noche, no hay problema.

     Estupendo, pues haremos un par de cosas por el barrio y sobre las 9 vendremos a tomar una copa y te la devolvemos — contestó Javier.

En un principio, no le entendí. Es más, cuando me hizo un guiñó quedé algo perpleja.

A los 20 minutos salimos del local, llave en mano, dispuestos a ver la vivienda.
 
 

En cuanto estuvieron frente al portal, Javier se dispuso a abrir la puerta. Justo en ese instante comenzó a chispear:

     Vaya, ¡estamos de suerte! — exclamó.

     Sí— contesté yo—. Esta mañana estuve en la peluquería y es una pena que se me moje el pelo; se quedaría completamente rizado — dije a la vez que hacía un guiño.

Nos acercamos al ascensor, pulsamos el botón y esperamos un tiempo prudencial. No llegaba.

En ese instante se acercó una vecina:

     Disculpe, ¿sabe si funciona? — pregunté con preocupación, pues no me apetecía subir los tres pisos con mis taconazos de 12 centímetros, mientras pensaba que había sido mala idea salir hoy con ellos.

     No, lleva todo el día averiado. Estamos esperando a que llegue el técnico, pero siempre se suele demorar — contestó—

     ¡Qué mala suerte!— protesté.

Nos miramos, no había otra opción, así que nos dirigimos hacia las escaleras y comenzamos el peregrinaje hasta la tercera planta. Cuando llegamos nos encontramos con cuatro viviendas, y no habíamos preguntad cuál de ellas era.

A Javier, tras mirar los cilindros de las cuatro puertas y la llave, optó por una de ellas, y no se equivocó. Giró la llave y allí estaba un acogedor saloncito.

La luz del final de una tarde de verano entraba tenuemente por la ventana, a través de unas cortinas color violeta, que se reflejaban en la pared de enfrente, donde había un enorme sillón de piel, blanco y mullido.

Javier sonrió, como muestra de que le gustaba el apartamento. No tenía cocina, sólo una barra y tras ella un granito junto al que estaban ubicados la mayoría de los electrodomésticos, a excepción de la nevera, que se hallaba en pleno salón.

Nos dirigimos a la primera puerta de la derecha y allí había un enorme dormitorio, con el edredón y las cortinas de un fortísimo color rojo. Tenía dos ventanas y la huella de que habían tirado una pared para hacer ese cuarto más grande.

El cabezal era de hierro forjado, negro. Las mesas de noche tenían un diseño bastante moderno, a pesar de tener también algunos adornos de hierro y la madera casi sin tratar. Daba la sensación de que el diseño de aquella habitación lo había hecho alguien muy especial.

 
 
Corrimos una cortina que había junto al armario, y allí había un enorme espejo de unos dos metros de ancho por otros dos de alto. A ambos nos sorprendió.

Casi a la vez descubrimos que tras la viga del techo, que atravesaba casi la mitad de la habitación… se escondía otro espejo. No pudimos evitar el dejar escapar una sonrisa. Creo que ambos pensamos lo mismo, aunque sólo nos pusimos algo colorados, evitando mirarnos en los siguientes minutos.

Nos dirigimos al cuarto de baño, bastante grande, con una ducha y una enorme bañera también.

No puede evitar el desear bañarme en ella. El baño era muy acogedor, yo estaba cansada, me dolían los pies… Ahora sí que no me importaba mojar mis cabellos.

Creo que Javier me leyó el pensamiento.

     ¿Por qué no te das una ducha?— preguntó mientras hacía un guiño— ¿Y si te froto mientras la espalda?

     No… una ducha no… Prefiero un baño de espuma… ¿me acompañarías? — comenté con picardía.

     Si dejas que la espuma la formemos dentro del agua, entre los dos.

     De acuerdo, aunque sé que te ganaré haciendo espuma — contesté.

No sé cómo ocurrió, casi sin darme cuenta desabrochaba la cremallera de mi vestido. Me dejé hacer. Al instante siguiente ya se había quitado su ropa. Ahora estábamos sólo con la ropa interior, nos miramos, nos sonreímos… y abrí el grifo de la bañera mientras Javi soltaba algo de gel.

Se puso tras de mí, me rodeó con sus brazos. Me encantó sentir su calor tras de mí. Casi sin darme cuenta ya me había quitado el sujetador y se había agachado y pillado mis bragas entre sus dientes… Le miré, sonreía… en ese instante no pude evitar soltar una gran carcajada.

     ¡Menuda situación! — le dije, mientras pensé en que alguien podía entrar y sorprendernos…

Mientras él tiraba de mis bragas… yo me quería acercar a la puerta del apartamento para poner una silla detrás y escuchar el ruido si alguien entraba. La situación no sólo era algo ridícula, sino la mar de divertida, ya que enseguida noté cómo se erguía algo dentro de sus calzoncillos, formando una especie de “tienda de campaña”.

A los pocos instantes estábamos dentro de la bañera, pies contra pies, manos juguetonas, bocas hambrientas.

Bebí de sus labios ardientes, mientras él recorría la geografía de mi piel, excitándome más y más, a cada instante. Casi sin darme cuenta estaba sentada sobre su travieso miembro, que amenazaba con entrar en la sala del deseo constantemente.

Me hice rogar, no lo dejé penetrarme. Mis manos juguetonas no paraban de acariciarle, de mimarle… y así en un frenético ir y venir de besos, lamidos, caricias…

Al final, decidimos secarnos y continuar en la cama… Nos llamaba poderosamente la atención aquella cama roja, los espejos…

Contemplar nuestros cuerpos desnudos, con la tenue luz que aún entraba por las ventanas, era toda una delicia… Sólo ver su espalda, sus poderosas nalgas, sus piernas fuertes… hacían que le desease aún más, que me comiese su boca a besos y que le pidiese con todo el deseo de mi alma que me penetrase.

No se hizo rogar, casi sin darme cuenta, con un movimiento enérgico de sus caderas, entró dentro de mis entrañas, para retorcerse, removerse, contornearse de mil formas, haciéndome disfrutar de mil maneras, entre ellas, al acompasar nuestros gemidos.

Cuando parecía que ya íbamos a llegar al éxtasis, paró… y comenzó a juguetear con su lengua por mis muslos, mi vagina, mordisqueando mis labios…

Le deseaba, y le paré en seco por un instante. Sorbí de su cuerpo el manjar, producto de su pasión…  para unos instantes después cabalgar como potros desbocados por la pradera.

No sé cómo ocurrió, nos quedamos dormidos, y a eso de las 9.30 nos despertamos. Con prisas y como pudimos recogimos aquél desaguisado. A las 10:02 minutos estábamos en el bar, no para entregar la llave, sino para confirmar que aquel piso ya tenía inquilino.

 

Inma Flores. © octubre 2013

 


 

 

 

 


martes, 1 de octubre de 2013

Te amo



 
 
 

 
 
 
 
 

Y te amo,

en la distancia te amo,

estés donde estés,

aún por llegar,

… te amo…








Te amo
como si ya te conociera.
Te amo
porque sé que existes.
Porque ya estás
en algún lugar de mi corazón,
…te amo…
 
 
 
 
Aquí te amo,
entre sueños
apartando miedos
enterrando el duelo
dejando pasar el tiempo
y con la duda de encontrarte,
aún así…
… te amo…
 
Pero te amo,
porque sé que existes,
porque sé que tú también me extrañas.
Yo te amo…
como se ama al amanecer,
… te amo…
como se ama a la luna llena.
…te amo…
como intuyo que tú a mí me amas.
 
 
 
 
 
Te amo,
Te amo,
Te amo desde otros tiempos
Te amo,
hasta el infinito,
… te amo…
 
Te amo, desde y para siempre.
 
 


 

Inma Flores © 2013
(Imágenes extraídas de internet, de autor desconocido).

viernes, 27 de septiembre de 2013

Ahora...





Como agua bendita llegaste a mi vida,

te di cobijo junto a mi ala izquierda,

para que sintieras el latir de mi corazón

a la vez que se  nos enlazaba hasta la  misma respiración.




De igual forma invité a mi mesa que a compartir mi cama.

Creí haber encontrado en ti un alma gemela:

mismos sueños, mismas metas, mismos proyectos.

¡Era espectacular estar en todo de acuerdo!





Un día estalló la voz de mi propio eco,

causando dolor  desde el oído hasta el alma;

fue tan espectacular que tardé en reaccionar

pues me parecía imposible esa, tu  forma de actuar.





No negaste, me pediste una segunda oportunidad.

Y yo te creí.

Maldito día.

Maldito día en el que volví a confiar en ti,

en ti, que no creíste ni tú mismo.





Ahora, que  han pasado años;

ahora,  que  hemos enterrado vida;

ahora, que se han desparramado los sueños;

ahora, que ya nada me ata ni me retiene;

ahora, con el corazón herido, partido a la mitad...

¿Comprendes, amor,  por qué puede haber hueco para dos?

Este es un poema creado a través de una frase de Ana R.D.
 Irene Bulio © 25.09.2013



(Fotos tomadas de la web, de autores desconocidos)

domingo, 15 de septiembre de 2013

Lo que hoy guarda mi alma.







Querido desamado,
ha pasado el tiempo,
han pasado los sueños,
han pasado los años,
ha pasado... todo ya ha pasado.

 
 
 
Han pasado tantas cosas
que incluso la tristeza de mi alma emigró.
La alegría, en cambio, siempre me acompaña.
He cambiado un sueño por un reto,
un deseo del alma por una meta.
He soltado lo que más quería
para agarrar con fuerzas lo que un día dejé atrás.
 


 
 
 
 
Cambié unos llantos por el ruido del teclado,
el cambiar unos pañales por alimentar el alma,
el olor de los polvos de talco por leer hasta el amanecer,
el amarte, por sólo quererte...






Sí, cambié... Fue mejor eso que dejarme morir
en los brazos de mi tristeza, mecida por tus mentiras,
Fue mejor eso que permitir una herida causada
por mis sueños rotos,  los que nunca pensaste cumplir.
Tus mentiras... tus mentiras... tus mentiras ahora son
 la llave de mi libertad...

 
Irene Bulio © 2013
 
 
(Fotos descargadas de internet, de autor desconocido)